Jesús murió por ti (Español)

Muchas personas piensan que pueden ganar de alguna manera la aceptación de Dios. Algunas personas piensan: “Si hago más buenas obras que malas acciones, entonces voy a estar bien.” Otras personas piensan: “Yo estoy bien. Hay un montón de personas que viven vidas peores que yo.”

Pero la Biblia nos dice que ninguno de nosotros a la altura de la norma de Dios: la perfección absoluta. Dice,

“Por cuanto todos pecaron, y están destituídos de la gloria de Dios” (Romanos 3:23).

Cada uno de nosotros ha desobedecido a Dios, ya sea haciendo cosas que sabíamos que estaban equivocados, o por no hacer las cosas que sabíamos que estaban en lo cierto. La Biblia llama a esta desobediencia “pecado”. Dios es santo y justo, lo que significa que Él no puede simplemente ignorar nuestro pecado. Nuestro pecado tiene que ser castigado.

La Biblia nos dice que la paga del pecado es muerte, seguido de la separación eterna de Dios en el infierno:

“Enviará el Hijo del hombre sus ángeles, y cogerán de su reino todos los escándalos, y los que hacen iniquidad, Y los echarán en el horno de fuego: allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 13:41-42).

“Porque la paga del pecado es muerte: mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).

Dios no puede simplemente ignorar nuestro pecado, pero Él puede perdonar. Él ofrece este perdón como un don gratuito. Pero, ¿cómo? Dios nos ofrece este perdón porque Su Hijo, Jesucristo, vino a la tierra, vivió una vida sin pecado y murió voluntariamente en la cruz para pagar el castigo por nuestros pecados.

La Biblia dice:

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados, conforme á las Escrituras; Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras” (I Corintios 15:3-4).

Cuando Jesús sangró y murió en la cruz, Él lo hizo para pagar la pena que le debemos por desobedecer a Dios. Él murió como nuestro sustituto y luego resucitó de entre los muertos!

Nuestros pecados son perdonados cuando confiamos en Cristo solamente como nuestro Salvador, y humildemente pedirle a Dios que nos perdone por lo que Cristo hizo por nosotros. El perdón viene sólo a través de la fe en Jesucristo, no por nuestras buenas obras, nuestra afiliación a la iglesia o asistencia, o nuestras relaciones familiares. La Biblia dice:

“Empero al que obra, no se le cuenta el salario por merced, sino por deuda. Mas al que no obra, pero cree en aquél que justifica al impío, la fe le es contada por justicia” (Romanos 4:4-5).

Los discípulos de Jesús predicaron “arrepentimiento para con Dios, y la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hechos de los Apóstoles 20:21), lo que significa que estamos de acuerdo con Dios que somos pecadores en necesidad de perdón y que confiamos en Jesucristo y lo que Él hizo por nosotros como la única forma en que podemos ser perdonados.

Y el mismo perdón que Dios ofrece a través de Jesucristo hace 2.000 años todavía está disponible hoy en día!

La Biblia nos dice,

“Que si confesares con tu boca al Señor Jesús, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. […] Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:9,13).

¿Te gustaría experimentar el perdón y ser salvo hoy?

Tienes que admitir que es un pecador, merecedor del infierno, y en la necesidad del perdón de Dios. Entonces, deja de confiar en sus propios esfuerzos, y en lugar de confiar en Cristo por completo-y Él solo-para salvarte de tus pecados y darte vida eterna.

Si quieres ser salvo, no hay rituales para llevar a cabo y hay un conjunto de palabras mágicas para repetir. Sólo cree lo que Dios ha dicho, pida su perdón, y confiar en Jesucristo para salvarte. No tienes que limpiar tu vida primero para arrepentirse y confiar en Cristo, desde el momento en que realmente confía en Cristo como su Salvador, Dios comenzará a cambiar su corazón y su vida.

“Y este es el testimonio: Que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida: el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida. Estas cosas he escrito á vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (I Juan 5:11-13).

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